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Una ciudad con una población promedio de unos
cuatro millones de habitantes, es sin duda una ciudad llena de
contrastes, pero sin embargo a diferencia de otras ciudades del
mundo, Caracas no tiene conflictos raciales fuertes ni divisiones étnicas
pronunciadas. Si bien algunos barrios y urbanizaciones fueron en un
tiempo refugio de diferentes grupos sociales, en su mayoría
inmigrantes que se agruparon e intentaron crear reminiscencias de
sus ciudades y países natales, estas pocas diferencias han sido
allanadas por el progreso, desintegrándose todos estos tipos de
divisiones. Sin embargo, un tipo de división
social es prominente y marcado, y hecha por tierra las anteriores
premisas, esta es una clara división de la población en sectores
económicos, al igual que en la mayor parte de las metrópolis de
los países en vías de desarrollo, pero con un marcado y alto
contraste. Existen urbanizaciones modernas y de gran
sentido arquitectónico y urbanístico, que colindan con barrios de
muy bajo perfil, contrastando lujosos y modernos edificios con la
vivienda de la clase pobre, en su mayoría casas de ladrillos sin
pintura y techos de zinc, en las cuales habitan en condiciones muy
por debajo de la media básica un amplio margen de la población de
la ciudad. Este tipo de vivienda es denominado "rancho" y
cubre las laderas de los cerros que rodean la ciudad. Sin
embargo a pesar de este tipo de diferencias el caraqueño es por lo
general un personaje alegre y muy inquieto, acostumbrado al correr
incesante de una ciudad en donde el tráfico y los embotellamientos
harían poner de mal humor a cualquier persona. Acostumbrado
a su cotidiano ruido y ajetreo este personaje proviene de una mezcla
de razas muy fuerte, y su inagotable humor le hace mas llevadera la
vida en una ciudad tan activa. Al Caraqueño le gusta
gastar bastante, y la verdad es que no le faltan ocasiones para
hacerlo, ya que la ciudad está llena de centros comerciales con
tiendas de todo tipo, y urbanizaciones anteriormente residenciales
que han dado paso por falta de control a comercios de toda
índole. Habituado a comer muy bien, no es de extrañar que en
su mayoría tome como distracción de fines de semana, el conocer o
visitar siempre un nuevo lugar para enriquecer su cultura
gastronómica. También es un asiduo cinéfilo, y gusta de ver las
películas más recientes y los mejores estrenos en las salas de
cine. En definitiva el Caraqueño es un personaje
cosmopolita, pero que guarda aún reminiscencias de su
subdesarrollo, habituándose por cansancio o inconciencia a un caos
permanente, en el cual se desenvuelve como si este no existiera,
armado de una gran dosis de paciencia y buen humor.
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